Fruizko udaletxea ayuntamiento

agosto 7, 2026

Del pórtico de San Salvador al Ayuntamiento de Fruiz

Cuando uno llega hoy al Ayuntamiento de Fruiz probablemente vea un edificio sencillo, perfectamente integrado en el centro del pueblo. Sin embargo, pocos imaginan que la historia del gobierno municipal comenzó muchos siglos antes de que existiera esta casa consistorial.

Durante gran parte de su historia, Fruiz no tuvo Ayuntamiento. Ni oficinas, ni salón de plenos, ni despacho para el alcalde. Y, aun así, el pueblo se gobernaba.

ELEJALDE, mucho más que un lugar de culto

Como la mayoría de las anteiglesias de Bizkaia, Fruiz organizaba su vida política y administrativa alrededor de su parroquia, San Salvador.

Después de la misa mayor del domingo, los vecinos no regresaban inmediatamente a sus casas. Bajo el pórtico de la iglesia se reunía el concejo, el órgano que administraba la vida del municipio.

Allí se encontraba la mesa de la anteiglesia, una robusta mesa de piedra que simbolizaba la autoridad civil del pueblo. No era un simple elemento arquitectónico; era el lugar donde nacían las decisiones que afectaban a toda la comunidad.

Mientras el interior del templo pertenecía a la Iglesia y en él se celebraban la misa, los sacramentos y los actos religiosos, el pórtico era el espacio reservado al gobierno del pueblo.

Allí se ejercía la jurisdicción civil, una característica que convirtió a las anteiglesias vizcaínas en una institución prácticamente única en Europa.

Un Ayuntamiento… sin edificio

Hoy estamos acostumbrados a identificar el Ayuntamiento con un edificio, pero durante siglos no fue así.

La auténtica casa consistorial era aquella reunión de vecinos alrededor de la mesa del concejo.

En ella se debatían cuestiones que hoy seguirían siendo competencia municipal: el mantenimiento de los caminos, la reparación de puentes, la limpieza de las fuentes, la conservación de los montes comunales, la regulación de los pastos, la distribución de determinados impuestos o la organización de trabajos colectivos.

No existían concejales profesionales. Eran los propios vecinos quienes asumían la responsabilidad de administrar el patrimonio común siguiendo las normas del Fuero de Bizkaia.

Aquel sistema de participación directa permitió que municipios pequeños como Fruiz gobernaran sus propios intereses durante siglos.

Fruiz también decidía el futuro de Bizkaia

Aunque hoy pueda parecer un municipio pequeño, Fruiz formaba parte del entramado político del Señorío de Bizkaia.

Como integrante de la Merindad de Uribe, enviaba su representante a las Juntas Generales de Bizkaia, donde ocupaba el asiento y voto número 62.

Bajo el Árbol de Gernika se debatían los asuntos que afectaban a todo el territorio: impuestos, defensa, caminos, aprovechamientos comunales o la confirmación de los Fueros.

Aquellas decisiones regresaban después a cada anteiglesia, donde eran explicadas y aplicadas por el concejo local.

De esta forma, Fruiz participaba plenamente en uno de los sistemas de representación política más antiguos de Europa.

EL AÑO 1915

Durante siglos aquella organización funcionó sin necesidad de un edificio específico para el Ayuntamiento.

Según recoge Martín Olazar, en 1915 fueron derribadas la antigua Tejería y la Taberna Zaharra, levantándose en ese mismo lugar el edificio que todavía hoy alberga el Ayuntamiento.

Pero aquella transformación no habría sido posible sin una persona.

Francisco Basterretxea, EL «HAbanero»

A finales del siglo XIX muchos jóvenes vascos emigraron a América buscando un futuro mejor. Algunos regresaron convertidos en auténticos benefactores de sus pueblos. En Euskadi se les conoce como indianos.

Uno de ellos fue Francisco Basterretxea, conocido en Fruiz como el «Habanero», por haber hecho fortuna en La Habana.

Lejos de limitarse a disfrutar de su patrimonio, decidió invertir parte de su riqueza en mejorar su pueblo natal.

Según relata Fruiztarrak, gracias a su iniciativa y a su aportación económica pudo construirse el nuevo Ayuntamiento. En el mismo edificio se instaló también la taberna del pueblo y, además, impulsó la construcción de las nuevas escuelas, dotando a Fruiz de unos servicios públicos modernos para la época.

Aquella actuación transformó por completo el centro del municipio.

Por primera vez Fruiz disponía de una verdadera casa consistorial, símbolo de una administración que dejaba atrás las antiguas reuniones bajo el pórtico, aunque sin perder el espíritu de servicio al vecindario que había caracterizado a la anteiglesia durante siglos.

Mucho más que un edificio

Han pasado más de cien años desde la construcción del Ayuntamiento actual.

Sin embargo, cuando hoy se celebra un pleno municipal o un vecino acude a realizar una gestión administrativa, continúa una historia que comenzó muchos siglos antes.

La mesa de piedra del pórtico ha sido sustituida por el salón de plenos.

Los documentos manuscritos han dado paso a los expedientes electrónicos.

Pero la esencia sigue siendo la misma: administrar los intereses de Fruiz y trabajar por el bienestar de sus vecinos.

Por eso, el Ayuntamiento actual no representa únicamente la arquitectura de 1915. Representa la evolución de más de seiscientos años de autogobierno, desde las antiguas reuniones de la anteiglesia hasta la institución municipal que hoy sigue siendo el corazón de la vida pública de Fruiz.

Autor/a: Elorriaga Zubiagirre

Conoce el artista

A lo largo de la vida ha sido el “impulso vital” el que me ha llevado por el camino de la expresión plástica. Médico de profesión, apasionado de la montaña, las artes plásticas y la escritura. Fue en el hogar a través de los estímulos donde se despertó la vocación por el dibujo y la pintura. Conoce un poco más mi historia, mis fuentes de inspiración y los orígenes de mi camino creativo.

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Jose Elorriaga
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